31 diciembre 2008

Los libros del año

El año va terminando (al menos aquí en España, porque en la lista de Formespa ya hemos recibido la primera felicitación de una profe de español de China...) y las teles, las radios, los periódicos y las revistas se dedican a hacer los anuarios, los especiales y las listas de lo mejor, de lo peor, de lo que no hay que olvidar, de los fallecidos, de los premios internacionales, de los más sexis, de los grandes acontecimientos deportivos, de las catástrofes, etc. Normalmente me interesan poco casi todos ellos. Sólo suelen captar mi atención unos minutos... unos cuarenta y cinco minutos de lectura, los reportajes dedicados al cine y a los libros, especialmente estas últimas. Y, aprovechando que este espacio es leído por miles de personas (o tres, no sé) me arriesgo a dar mi lista de libros del año.

Mi lista de libros se acompaña de una foto al estilo de la que acompaña uno de los reportajes que El País ha dedicado esta fin de año a los libros de 2008. El sábado pasado el suplemento de cultura del mismo diario, Babelia, publicaba un reportaje similar con su lista propia. En fin, sin más dilación ahí va mi lista. Bueno, sí hay más dilación: mi lista no es de 10 libros (número pitagórico de la perfección... recordemos que la suma de uno, dos, tres y cuatro da diez y con eso fliparon los griegos) ni de 12 libros (número simbólico en la tradición judeocristiana, por aquello de las doce tribus de Israel y los doce apóstoles, aunque uno saliera flamenco... y los doce meses del año...) Mi lista es de 11, número primo (ja!):

Tres novelas: Chesil Beach, de Ian McEwan, Un hombre en la oscuridad, de Paul Auster (recuerdo que este me acompañó por tierras belgas y holandesas en septiembre) y La Casa de los Encuentros de Martin Amis. A los tres escritores me aficinó mi amigo Ricky. A los dos primeros hace pocos años, al último hace muchos más. Hoy en día son tres imprescindibles de las letras contemporáneas junto a Enrique Vila-Matas.
Un relato de los clásicos: Bartleby el escribiente, de Herman Melville. Precisamente, me vi lanzado de cabeza por culpa de la obra de Vila-Matas Bartleby y compañía que leí hace unos años y hasta este año no he dado con este delicioso cuento que cambió la narrativa contemporánea.
Un libro que no sé cómo definir: La fe y la estafa de Enrique de Castro, sacerdote obrero que se deja la vida en el barrio madrileño de Entrevías.
Un libro sobre Arte: Leer la pintura de la profesora Nadeije Laneyrie-Dagen, que ayuda a saber mirar e interpretar las obras pictóricas por medio de unas sencillas pautas acerca de la composición, el dibujo, el color, el tema o la figura...
Claro, algo sobre la Segunda Guerra Mundial o el Holocausto: Una vez de Morris Gleitzman. En la cotraportada leemos: "Los nazis arrasan Europa. Solamente los sueños de algunos niños consiguen huir".
Un cuento o novela breve de Eduardo Mendoza para reirse: El asombroso viaje de Pomponio Flato. Lectura de aeropuertos (lo leí entre Málaga, Madrid y Bologna en mayo).
Dos libros que me están ayudando -creo- a crecer como profe y a abrir muchas perspectivas en muchos campos, relacionados no sólo con la docencia: El instinto del lenguaje de Steven Pinker y Las metáforas de la vida cotidiana de George Lakoff y Mark Johnson.
Finalmente, La empresa en la Web 2.0 de Javier Celaya. Interesante análisis de las redes sociales y las nuevas formas de comunicación y su impacto en el mundo empresarial.

Se han quedado en el tintero muchos, muchos... alguno que he leído pero que no entraba en la lista de once (ahora que caigo, como un equipo de fútbol... entre los titulares) como Caos calmo de Sandro Veronesi y otros que no he leído pero que tengo en proyecto: sobre todos ellos, uno, Vida y destino de Vasili Gossman, pero será en otra lista.

Feliz 2009.

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