12 enero 2010

De la alegría al responder (I)

Una de las cuestiones que más me interesan, y por las que considero que tiene sentido este blog, es el análisis permanente de mi labor docente. Llevar a la reflexión y compartir dicho análisis a fin de mejorar mi práctica en clase y ayudar, de algún modo, a los colegas a hacerlo es una consecuencia natural. Sin ir más lejos, el año pasado escribí algo sobre la dimensión humana del profesor; a raíz de esa entrada, publiqué más tarde un post sobre la tipología de docentes; en otro momento, hablé de lo que hacemos en clase y de su utilidad; y, en otro plano de cosas, de cómo integro los referentes gráficos de la informática e Internet en el uso de la pizarra. Todas estas entradas no han sido más que fruto, como apuntaba al principio de este párrafo, del esfuerzo por pararme a analizar lo que hago en clase y plasmarlo por escrito para que me (nos) ayude en mi (nuestro) proceso de (auto e inter) formación y crecimiento.

En esta misma línea comenzamos 2010, reflexionando en este caso sobre eso que ocurre cuando un alumno pregunta algo y el profesor responde, porque una de las misiones del docente es la de responder preguntas de su alumnado.




I. De las preguntas
Ya hemos hablado algo de esto en alguna ocasión pero ahora me interesa, más que lo que debe saber el profesor para responder, lo que motiva al estudiante a preguntar. Me he dado cuenta de que, básicamente, el alumno pregunta por alguno de estos motivos:
  • La duda sobre contenidos que no acaba de asimilar. Por ejemplo, ¿cómo se dice, "ir a" o "ir en" la playa?
  • La frustración en su propio proceso de aprendizaje. Suele ser una reflexión con poco sustento que se formula a modo de reproche: es que en mi idioma no existe esto.
  • La incomprensión global de lo que se está haciendo en clase (tanto desde el punto de vista de los contenidos, como de los objetivos o de las puras instrucciones que ha de seguir). Pero, ¿para qué sirven los pronombres? A primera vista pueden parecer preguntas fruto de una duda, pero su motivación es bien diferente.
  • La curiosidad sobre una cuestión gramatical, léxica, cultural. En cursos en inmersión derivan de una actitud positiva. Ayer pedí una manzana en la tienda y me pusieron mala cara. ¿Qué pasa? U otra muy frecuente: ¿qué significa "venga"?
  • La pereza para buscar una palabra en el diccionario o para echar un vistazo a sus apuntes para solucionar una dificultad en la realización de una actividad o en la consecución de una tarea. Se produce durante el trabajo individual: ¿qué es "dígame"?, ¿cómo es "ir" en futuro?
  • El deseo de confirmación de que lo que está haciendo lo está haciendo bien o de que ha comprendido el trabajo. Puede ser algo como esto: Entonces, si es persona necesitamos siempre la preposición "a", ¿no? O como esto: Ahora yo le cuento a Mark lo que he escrito, ¿no?
  • El exhibicionismo de su superioridad respecto al grupo. Todos tenemos en mente más que una pregunta tipo un alumno tipo así que no es necesario el ejemplo.
  • La actitud colaborativa en clase: preguntar lo que cree que es bueno para que los compañeros -o él mismo- entiendan o asimilen un contenido. ¿Y con el verbo "ser" pasa lo mismo?
  • La desconfianza para con el profesor. En el libro lo explica de otra manera o En mi diccionario dice...
El docente debe estar preparado para preguntas de todo tipo, no sólo en cuanto a contenidos, sino en cuanto a (1) actitud motivadora de la pregunta e (2) intencionalidad de la misma. Saber analizar por qué y para qué pregunta un alumno es básico a fin de elegir qué y cómo responder.

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Créditos de la imagen | Acesee

3 comentarios:

raskalakabra dijo...

Estupendo , me ha encantado. Enhorabuena

Una de las cosas que se debería enseñar es a hacer preguntas y a entender las preguntas.

Mª Isabel González Martínez dijo...

Buenas... Yo me había planteado qué tipo de preguntas hacía en clase; mejor dicho, si preguntaba adecuadamente para obtener la información deseada o si, por el contrario, me dedicaba a hacer preguntas como: ¿comprendéis? Que en muchas ocasiones se contestaban con "caradequémestáshablando" o Sí (por decir algo). En fin, en alguna ocasión en alguna clase particular he tenido alumnos (adolescentes) que preguntaban para perder el tiempo. E
En cuanto a las preguntas/comentario que planteas, muchas pueden servir para que el alumno reflexione o se dé cuenta de lo que ha aprendido.
Las de frustración pueden ser útiles para llamar la atención sobre las diferencias entre los idiomas (no es malo, es así). La verdad, es cada uno de los tipos de preguntas que plantean merece un comentario, pero no quiero extenderme mucho que me conozco y, al final, escribo un testamento.
Termino diciendo que me ha parecido interesante esta tipología de preguntas en función de la intención del alumno. Para pensar...

Gilberto Laguna dijo...

una cosa muy importante con las nuevas tendencias de los teléfonos móviles es enseñarle a nuestros hijos que no sólo sirven para divertirse sino que pueden ser verdaderas herraamientas de aprendizaje