08 abril 2010

El valor de los alumnos

Una gran parte de las entradas de este blog no son más que ejercicios de reflexión que comparto por si le puede resultar de interés a algún colega. Normalmente, esta reflexión está centrada en varios aspectos, de entre los que destacan las estrategias y habilidades docentes: enseñanza de contenidos gramaticales, manejo de la clase, uso de la pizarra, aplicación de las nuevas tecnologías en el aula, etc., pero muy pocas veces me he centrado en el alumno por cuanto nos aporta a los docentes desde el punto de vista profesional y también personal... cierto es que he prestado atención a las estrategias de aprendizaje y que soy absolutamente consciente del papel que desempeñan dentro de mi pasión por la labor que desempeño en las aulas.

Con bastante frecuencia cuando nos juntamos los profesores solemos contar anécdotas que nos han pasado en clase o dificultades con las que nos hemos encontrado en clase: gramaticales, de choques culturales, acerca de los materiales, etc. pero qué pocas veces nos reunimos y hablamos de los buenos grupos que hemos tenido y de lo que han influido en nosotros. Y de esto va este post.

Durante dos semanas en marzo hemos tenido la inmensa suerte de disfrutar dando clase y compartiendo con un grupo de un liceo lingüístico del norte de Italia que ha conseguido que, desde el principio del curso, hiciera que me despertara a diario feliz de tener que meterme en clase. Tanto mi compañera como yo hemos tenido oportunidad de impartir dos horas diarias a cada uno de los grupos en los que se dividió el gran grupo. ¿Cómo describiría al grupo y qué he aprendido de él?


  • Actitud | La predisposición y la participación en todas las actividades propuestas ha sido una constante que ha facilitado enormemente el trabajo de clase. Se les podía exigir concentración, atención, dinamismo, reflexión... que la respuesta afirmativa estaba garantizada y la actitud acompañaba.
  • Solidaridad | La buena relación entre los miembros del grupo se ponía de manifiesto en la complicidad entre ellos en cualquier gesto o comentario lo que fomentaba un ejercicio permanente de solidaridad en el aula (y fuera de ella) favoreciendo el trabajo y el aprendizaje colaborativo.
  • Motivación | El interés, probablemente, es el germen del esfuerzo y su gran valedor. En líneas generales, eran conscientes de lo que hacían en clase, de los porqués y de los para qués, tanto a corto como a largo plazo.
  • Responsabilidad | Creo que ha sido la primera vez que no hemos tenido que estar detrás de que llevaran el diario de grupo. Ha sido pura espontaneidad, auténtica toma de conciencia del trabajo que hay que hacer y de asunción de las motivaciones y los objetivos de cada acción del programa.
Estos valores que resaltamos deben de tener un origen en la personalidad propia de cada uno y en la vida propia que toma cada grupo de personas, que se comporta como un único ser vivo. Pero también al esfuerzo de familias y docentes.

He aprendido a reconocer el valor del alumno como elemento motivador y activador del profesor. Un buen alumno hace que el profesor sea mejor, al ahorrarle gran parte del esfuerzo de motivar, de animar, de promover, de dinamizar... Me he dado cuenta de cómo se produce una retroalimentación que hace que la cohesión del grupo mejore hora a hora. He agradecido la afectividad y el ver a los profesores incluidos en el sentimiento de grupo y he descubierto los efectos beneficiosos que tiene todo esto en el proceso de aprendizaje de los alumnos, en la aceptación de un rol activo en el propio proceso y en el crecimiento como persona de todos los actores participantes.

Sirva esta reflexión, a la vez, como agradecimiento a Serena, Nilo, Federica, Francesca, Monica, Giulia, Andrea, Virginia, Miriam, Elisa, Andrea, Manuela, Antonella, Roberta y Sonia por ayudarme en mi crecimiento personal y profesional y hacerme disfrutar tanto durante estas dos semanas.

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