30 septiembre 2010

La clase habla

He estado observando mi clase de nivel A1 (principiantes absolutos) durante las dos primeras semanas de su curso y anotando algunas de las necesidades que tenían para comunicarse en clase con el profesor y con los compañeros.

Por ejemplo, si tenían calor y querían que alguien abriera la ventana no sabían como comunicarlo (si exceptuamos, evidentemente, la mímica, la lengua materna o una lengua franca) o si el profesor, tras una explicación, comenzaba a borrar la pizarra, no podían pedirle que parara porque no habían terminado de copiar. O, por ejemplo, si tenían que ir a la secretaría o a otra clase y debían llamar a la puerta y pedir permiso para entrar... o si, a la hora de corregir un ejercicio, se habían despistado y no sabían si era su turno de intervención.

Así pues, decidí ayudarles en ese proceso haciendo que fueran los espacios que compartimos en clase y en la escuela donde se encontraban con la necesidad comunicativa (la puerta, la ventana, la pizarra, la silla o la mesa, el mismo profesor...) los que le aportansen la misma información. Es decir, que hallaran la solución donde antes encontraban el problema o, hablando en términos capitalistas, que en el lugar donde demandaran se toparan con mi oferta.

Para ello, elaboré este simplísimo documento que comparto con vosotros, con varios bocadillos que pasé a recortar y pegar en el lugar adecuado: ¿Me toca a mí? lo pegué delante de una alumna que normalmente se distraía cuando hacíamos una ronda; Un momento. No borres, por favor, naturalmente, lo puse en la pizarra, juntoa los rotuladores y al borrador; ¿Se puede? en la puerta, ¿Qué hora es? en el reloj... y así sucesivamente.

El resultado fue óptimo ya que se atajan esos momentos de cortocircuito comunicativo de modo simple y en escasos días ya no es necesario el cartelito. Es una suerte de aprendizaje situacional, contextualizado y a caballo entre lo formal y lo informal que me ha funcionado bien. ¡Espero que os sirva!

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