21 octubre 2015

Me faltan las palabras (1)

La declaración que da título a esta entrada se la he robado a mi admirado Luis Piedrahita, fino analista de la realidad cotidiana que se ha dado cuenta de que nuestro idioma carece de determinadas palabras para nombrar realidades y se ha propuesto solucionar dicho problema inventando las palabras que faltan. Veamos un ejemplo:



Pero esto, más allá del fin de entretenimiento y diversión, es una realidad que ocurre en todas las lenguas. Un debate más profundo sería el de si nuestra lengua materna condiciona la realidad y cómo nos relacionamos con ella o si es nuestra cultura la que condiciona nuestro lenguaje. De momento, hagamos como Homer Simpson cuando Lisa le hizo ver que "los chinos utilizan la misma palabra para decir crisis que para decir oportunidad":


Y utilicemos esas palabras que nos faltan para proponer un trabajo creativo en el aula, con alumnos de niveles altos (esos pobres alumnos de niveles C1 y C2, tan olvidados ellos por los materiales didácticos). He buceado en decenas de artículos y he hecho mi selección de palabras de diferentes idiomas que no tienen traducción en casi ninguna otra lengua. Partiremos de ahí: iremos presentando en clase estas palabras y, si tenemos algún alumno que hable esta lengua, nos apoyaremos en él o ella para que nos ayude a traducirla. Si no, será nuestra labor. A continuación, tras cada palabra les proponemos la siguiente batería de preguntas:

  • ¿Hay una traducción en tu lengua?
  • ¿Cómo lo dirías?
  • ¿Por qué crees que esa palabra existe en esta lengua y no en la tuya (o en otras)?
  • ¿Inventamos una palabra en español para traducirla?
He creado unas fichas ilustradas con mi selección de palabras, aquí las tenéis la primera tanda (son doce) y en la siguiente entrada el resto (tres más para llegar a las 25 fichas de trabajo):


1. Greng-jai. Empezamos fuerte. Esta palabra del tailandés significa el sentimiento de incomodidad que sentimos cuando alguien nos ayuda y no queremos molestar. Es curioso que ese concepto está muy asociado a nuestra idea de cortesía. 


2. Seigneur-terraces. Me parece increíble que no exista una palabra para esto en español. En francés se utiliza para llamar a las personas que se pegan toda la tarde en la terraza de un bar con un solo café. Hoy en día, si el bar tiene wi-fi gratis, los seigneur-terraces se multiplican.


3. Ya'arburnee. Palabra del árabe que alude al deseo de morir antes que la persona amada para, de ese modo, no tener que sufrir por su pérdida. No encuentro mejor forma de expresar el amor.


4. Shlimazl. Podríamos definir esta palabra del yiddish como persona de mala suerte crónica, un desafortunado permanente. ¿Pensáis que tiene lógica que exista precisamente en esa lengua de origen judeoalemán? Da que pensar al menos.


5. Bilita-mpatshi. Vamos a ver. En español tenemos una palabra general para los sueños; luego, especificamos que los sueños malos con el nombre pesadilla. Claramente nos falta esta palabra para especificar los sueños buenos, es decir, los opuestos a las pesadillas. En las lenguas bantúes sí existe. ¿Será que tenemos nosotros más pesadillas?


6. Ilunga. Esta palabra de una lengua de una tribu africana del Congo significa, exactamente, "la persona capaz de perdonar una ofensa por primera vez, tolerarla una segunda vez pero no una tercera". Me recuerda a aquello de "perdonar setenta veces siete", lo de "poner la otra mejilla", lo de "ser hermanos pero no primos"...


7. Shemomedjamo. Podría ser un jugador de la selección georgiana de baloncesto junto a Shermadini, Markoishvili o Sanikidzke pero no, es georgiano es el hecho de comer una vez que estás lleno hasta rebañar el plato, ya sin hambre. Literalmente significa "me comí todo sin querer". Me encanta el sentido del humor de estos georgianos. No es exactamente nuestra gula, ¿verdad?


8. Hyggelig. Nos vamos al norte de Europa. En danés, hyggelig es el sentimiento de sentirse bien, cómodo, a gusto, cuando estás entre amigos. ¿¡Pero cómo falta esta palabra en tantos idiomas!?


9. Gheegle. Esta es de mis favoritas y, si no, que se lo pregunten a mi tío José Luis: en filipino se usa para describir el incontrolable impulso de pellizcar algo tan adorable y tierno como los mofletes de un bebé.


10. Tsundoky. En un gesto de extrema sinceridad el japonés tiene una palabra para algo universal: el hecho de dejar sin leer un libro que hemos comprado, habitualmente junto a una pila de otros libros con las mismas características. Recuerdo que alguien me dijo una vez, hablando de alguna novela de García Márquez, que los libros del escritor colombiano estaban en las estanterías de todas las casas... en la mayoría de ellas, como tsundoku (aunque no usó esta palabra). La necesitamos.  


11. Bakku-shan. Seguimos en la misma línea que la palabra anterior a lo que le añadimos unas gotas de sentido del humor. Esta palabra del japonés designa a esas chicas que, vistas por la espalda, nos parecen atractivas pero que, al darse la vuelta... decepcionan, digamos. Mis compañeros de colegio y yo teníamos una palabra (bueno, una expresión, onomatopeya, sonido...) para ello.


12. Mangata y yakamoz. La primera es del sueco y la segunda del turco y las dos describen el reflejo de la luna en el agua. Y nosotros con el simple reflejo... como si tan romántica estampa fuera comparable al molesto brillo del sol cuando da en un espejo y te deja ciego.

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Hasta aquí la primera entrega de esta serie. En el próximo post, otras trece palabras para completar la colección y concluir así, la primera parte de la propuesta didáctica. En la tercera parte presentaré unas fichas idénticas pero con palabras del español sin traducción a otras lenguas (es decir, el camino inverso). También os dejaré una presentación de Power Point con todas las fichas por si preferís proyectarlas en vez de imprimirlas en cartulinas y los enlaces a los artículos.