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17 abril 2017

Dime un número y te diré quién eres

Con frecuencia, las propuestas didácticas más sencillas suelen ser garantía de éxito. Mucho más cuando esa sencillez es aparente y detrás se esconde una interesante reflexión que aflora en el aula. La sencillez de esta actividad reside en su funcionamiento: solo vamos a pedir a nuestros alumnos que digan el número que asocian con cada idea que les vamos a presentar. Es una actividad que
  • promueve la interacción oral
  • es significativa
  • es divertida
  • es sorprendente
  • desvela creencias y hábitos personales, sociales y culturales
  • facilita el desarrollo de actitudes y habilidades interculturales
  • es aplicable a muchos niveles de lengua
Lo más importante es que el alumno entienda la dinámica de la actividad y única y exclusivamente diga un número ya que, de otro modo, condicionaría las intervenciones de los compañeros y del profesor. Veamos un ejemplo para que quede claro. Lanzamos la siguiente idea:


Para que la actividad funcione bien, solo queremos escuchar tres, cuatro, cinco, diez o quince. Nada más. Una vez terminemos de presentar las diferentes ideas y de anotar los números que dice cada alumno, será el turno para que cada uno se explique y se abra el debate. El que dice tres, por ejemplo, explica que son litros de agua; el de cuatro habla de cafés al día; el que ha dicho cinco se refería a copas de vino; el de diez, habla de cócteles; el de quince, a cervezas. Si, por el contrario, el primero hubiera dicho "tres copas de vino", probablemente el resto de compañeros hablaría de vino también o de bebidas alcohólicas, perdiéndose la libertad, espontaneidad y significatividad y, por supuesto, el trasfondo cultural que encierra.


En este caso los números se suelen asociar a las horas diarias y también a las horas semanales (no solo según lo que establezca la ley de cada país sino en función del trabajo de cada alumno, por ejemplo, los números serán muy cambiantes)... o a los días semanales o a la vida laboral de una persona. E incluso, a las horas (de entrar o de salir del trabajo).


Este es de mis favoritos. Suelen aparecer números bajos (uno, dos...) pero lo sorprendente está en la referencia de cada alumno porque unos hablan de visitar a la familia una vez al día, una vez a la semana, una vez al mes o una vez al año. Luego llegan las aclaraciones, explicaciones y justificaciones. Muy interesantes todas.


Esta es otra mina ya que en el trasfondo encontramos, por un lado, cuestiones personales y, por otro, hábitos socioculturales. Entre estos últimos, lógicamente, la moneda en la que se expresará y la periodicidad: ¿2000 euros mensuales, 1000 dólares semanales, 25 libras por hora?


¿En días o en semanas de duración? ¿En dinero que se gasta por persona o por noche de hotel? ¿En kilómetros de distancia del lugar donde vivimos? Probablemente, es la propuesta más abierta de todas.


Y de la más abierta, a la más divertida. Solemos encontrarnos dos formas de afrontar este concepto: haciendo referencia a la edad de jubilación (65, 67, 68... en cada país) o, la que es más divertida, desde la perspectiva personal. Los alumnos adolescentes suelen hablar de 40 años (para soponcio del docente), otros lo asocian con la edad de sus padres o abuelos...


Estas dos están más relacionadas con los hábitos personales pero también con las creencias sociales, con las presiones de los padres o profesores a los menores de edad, a la importancia que se le da al tema en cada país, etc.


Y, para el final, el más polémico. Llegar tarde, como todo lo que he hemos visto más arriba, es algo absolutamente relativo, personal, cultural, social... pero probablemente se presta a más debate y, sobre todo, a tirar de más tópicos que se pueden desenmascarar con habilidades interculturales de respeto y escucha.

¿Te la llevas a clase? 

09 noviembre 2015

Me faltan las palabras (y 3)

Con esta tercera entre pongo punto final a esta serie que he llamado Me faltan las palabras. En la primera parte presenté la justificación, la propuesta didáctica y las primeras doce fichas de palabras intraducibles. En la segunda parte está el resto de fichas, hasta completar las 25 palabras sin traducción con las que trabajar en clase. Esta segunda entrega terminaba con tres citas sobre la idea de nombrar ideas, actividades, conceptos... para animar el debate.

En esta tercera entrada presento la otra cara de la misma moneda: palabras del español para la que no hay traducción en algunas otras lenguas. El sistema de trabajo sería el mismo:

  • ¿Te has encontrado con alguna palabra en español que no puedes traducir en tu idioma? 
  • A continuación vamos a ver algunas palabras en español: ¿conoces su significado?, ¿puedes traducirla en tu lengua materna?, ¿y en alguna otra lengua que hablas?
  • ¿Se te ocurre alguna razón por la que no hay una palabra equivalente a estas del español? ¿Por qué existen en español y no en otras lenguas?

1. Sobremesa. Digo yo que si terminan de comer y se levantan corriendo, ¿para qué quieren la palabra sobremesa? A mí me gusta tanto esta palabra como el hecho de quedarte un buen rato entre platos vacíos y cafés a medio beber mientras charlamos y jugueteamos con las migas del pan con el dedo.


2. Maruja. Hay lenguas en las que no existe la palabra maruja para aludir a esa vecina o tía que todos tenemos en mente. Y me niego a pensar que solo hay marujas en nuestra tierra. Igual nuestras marujas son de oro olímpico o de récord Guiness pero seguro que las hay por ahí.



3. Chapuza y trapicheo. Permitidme que agrupe estas dos palabras por lo que implican de fondo. Según tengo entendido no hay una palabra equivalente a ninguna de ellas en alemán. Lo primero que pensé es en la cuestión cultural: con lo rigurosos y bien hechos que son los alemanes... pero claro, durante la preparación de esta serie, me encuentro con el caso Volkswagen y me da a mí que van a tener que inventar una palabra con urgencia.


5. Ojiplático. Mi admirado Juan Antonio Cebrián usaba mucho este adjetivo tan expresivo como la cara del gato que acompaña estas líneas. No es solo sorprendido, alucinado o extasiado, es algo más... ojiplático es, ojiplático.


6. Estrenar. Es curioso que en muchas lenguas existe el sustantivo (estreno, como para las películas) pero no el verbo que hace referencia a usar por primera vez algo y que solemos usar para la ropa y los zapatos o, en su forma reflexiva (estrenarse) al hacer algo por primera vez.


7. Aperitivo. Pues en árabe habría que explicar la idea (no tienen la palabra ni el concepto) y habría que decir algo tan insulso como "picar algo antes de comer" pero, no es igual, ¿verdad?


8. Duende. Explicar qué significa "tener duende" o "tener ángel" es tan difícil como encontrarte a un artista con ese toque divino: Paco de Lucía, Sara Baras, Camarón, Lola Flores... 

Hasta aquí, por no extendernos... pero hay otras como tutear, anteayer, friolero, merendar, vergüenza ajena o consuegro.

Presentación
Os dejo todas estas fichas que he compartido con vosotros en estas tres entradas en una presentación de PowerPoint por si preferís usarla en vuestras clases en vez de las fichas impresas.



Fuentes
Por último, os paso una lista de enlaces a artículos, que he utilizado como fuente de inspiración y de documentación, por si estáis interesados en profundizar en el tema y donde encontraréis muchas palabras más.

  • Palabras sin traducción y otras rarezas lingüísticas | Enlace
  • Diez palabras extranjeras que no se pueden decir en español | Enlace
  • Palabras en español sin traducción a otros idiomas | Enlace
  • 8 palabras del español que no tienen traducción exacta en inglés | Enlace
  • 10 palabras en español que no tienen una traducción exacta al inglés | Enlace
  • 10 palabras del español que no tienen traducción al inglés | Enlace
  • 11 palabras intraducibles | Enlace
  • Doce palabras tan insólitas que carecen de equivalente en español | Enlace
  • 20 palabras geniales que no tienen traducción | Enlace
  • Diez palabras sin traducción | Enlace
  • Diez palabras sin traducción (II parte) | Enlace
  • 18 palabras sin traducción que deberíamos incorporar al español | Enlace
  • 30 palabras concisas, útiles y que no existen en español (Parte I) | Enlace
  • 30 palabras concisas, útiles y que no existen en español (Parte II) | Enlace
  • 40 palabras sin traducción al español | Enlace

30 octubre 2015

Me faltan las palabras (2)

Como prometí al final de la primera entrega de esta serie, a continuación os dejo con el segundo bloque de fichas de trabajo con palabras intraducibles.


13. Age-otori. Quién no ha necesitado alguna vez una palabra para hacer referencia a cuando uno se ve peor después de que el peluquero haya hecho una barbaridad con nuestro pelo. En japonés se puede hacer.


14. Tingo. En la lengua de la Isla de Pascua, el pascuence (sí, sí... la que hablan los habitantes de la isla de los moáis), tienen una palabra para la sibilina actividad de ir pidiendo prestadas a nuestro vecino poco a poco todas las cosas hasta que los dejamos sin nada. Vaya, básicamente lo que ha hecho durante años Homer Simpson con su vecino Ned Flanders.


15. Facepalm. Como la traducción literal indica, en inglés esta palabra significa el gesto de llevarse la mano (la palma de la mano) al rostro en momentos de desesperación.


16. Desenrascanço. Pensemos en McGyver o en el Equipo A. En todos los episodios tenían que improvisar una solución de emergencia. En portugués, tienen una palabra para ello.


17. Utepils. En noruego se usa esta palabra para la acción de disfrutar de una cerveza fresquita en una terraza un día soleado. Vaya, lo que hacemos casi a diario en España pero que es casi un lujo en el país escandinavo.


18. Tartle. Esta me encanta porque tengo algunos amigos que necesitarían esta palabra casi a diario. En escocés designa el incómodo momento de duda en el que al presentar a alguien no te acuerdas de su nombre.


19. Mokita. Fijaos lo que son las cosas: tenemos que viajar hasta Kiriwina (por Papúa Nueva Guinea, para situarnos un poco geográficamente) para encontrar en la lengua de las tribus kiriwinas una palabra que alude a esa verdad conocida por todos pero de la que nadie habla. ¡A ver si va a ser solo allí donde ocurre eso!


20. Jayus. Todos tenemos experiencia de ese chiste o broma tan sumamente mala ante la que no podemos hacer otra cosa que reírnos. Pues en indonesio se dice jayus.


21. Pana po'o. Es la palabra que usan en hawaiano para el gesto de rascarse la cabeza cuando se piensa.


22. Culaccino. Aunque suene a bebida de Starbbucks, en italiano designa el cerco de agua o humedad que deja un vaso o una copa en la mesa. "Niño, usa el posavasos que vas a dejar un culaccino y luego se come la madera!", como si lo oyera.


23. Iktsuarpok. En inuit, la lengua de los pueblos esquimales de las regiones árticas de Groenlandia, utilizan esta palabra para la acción de asomarse a ver si alguien a quien estamos esperando llega. Imagino que al haber tan poquita gente por aquellos parajes, este deseo se habrá acentuado de tal forma que han llegado a la necesidad de nombrarlo.


24. Pochemuchka. Tengo una tía que es una pochemuchka de libro. En ruso significa "persona que pregunta mucho (demasiado)". ¿A cuántos pochemuchkas conocéis?


25. Waldeinsamkeit. Esta larga palabra del alemán alude al sentimiento de soledad en medio de un bosque, ni más ni menos.

En este punto, podemos proyectar alguno de los videos de la sección Faltan palabras de Luis Piedrahita en el programa de Antena 3 El hormiguero, para que tengan claro qué es lo que tienen que hacer con estas palabras: inventar una palabra en español para traducir todas estas que no existen en nuestra lengua. También os dejo unas citas de tres intelectuales sobre el hecho de nombrar (eso que en marketing tiene un nombre: naming), que pueden dar pie al debate:

  • "El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo". Gabriel García Márquez, Cien años de soledad.
  • "Son las palabras las que existen, lo que no tiene nombre  no existe. La palabra luz existe, la luz no existe". Francis Picabia, pintor.
  • "Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos". José Saramago, escritor.

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Hasta aquí la segunda entrega de la serie. En la primera parte podéis encontrar el planteamiento didáctico y las primeras doce fichas de trabajo. En la tercera entrega presentaré unas fichas idénticas pero con palabras del español sin traducción a otras lenguas. Igualmente, dejaré una presentación de Power Point (que subiré a mi perfil en Slideshare) para quienes prefieran proyectarlas en lugar de imprimirlas y trabajar con ellas en papel. Del mismo modo, comaprtiré una lista de enlaces a los artículos que me han servido de inspiración y que he usado como fuente.

21 octubre 2015

Me faltan las palabras (1)

La declaración que da título a esta entrada se la he robado a mi admirado Luis Piedrahita, fino analista de la realidad cotidiana que se ha dado cuenta de que nuestro idioma carece de determinadas palabras para nombrar realidades y se ha propuesto solucionar dicho problema inventando las palabras que faltan. Veamos un ejemplo:



Pero esto, más allá del fin de entretenimiento y diversión, es una realidad que ocurre en todas las lenguas. Un debate más profundo sería el de si nuestra lengua materna condiciona la realidad y cómo nos relacionamos con ella o si es nuestra cultura la que condiciona nuestro lenguaje. De momento, hagamos como Homer Simpson cuando Lisa le hizo ver que "los chinos utilizan la misma palabra para decir crisis que para decir oportunidad":


Y utilicemos esas palabras que nos faltan para proponer un trabajo creativo en el aula, con alumnos de niveles altos (esos pobres alumnos de niveles C1 y C2, tan olvidados ellos por los materiales didácticos). He buceado en decenas de artículos y he hecho mi selección de palabras de diferentes idiomas que no tienen traducción en casi ninguna otra lengua. Partiremos de ahí: iremos presentando en clase estas palabras y, si tenemos algún alumno que hable esta lengua, nos apoyaremos en él o ella para que nos ayude a traducirla. Si no, será nuestra labor. A continuación, tras cada palabra les proponemos la siguiente batería de preguntas:

  • ¿Hay una traducción en tu lengua?
  • ¿Cómo lo dirías?
  • ¿Por qué crees que esa palabra existe en esta lengua y no en la tuya (o en otras)?
  • ¿Inventamos una palabra en español para traducirla?
He creado unas fichas ilustradas con mi selección de palabras, aquí las tenéis la primera tanda (son doce) y en la siguiente entrada el resto (tres más para llegar a las 25 fichas de trabajo):


1. Greng-jai. Empezamos fuerte. Esta palabra del tailandés significa el sentimiento de incomodidad que sentimos cuando alguien nos ayuda y no queremos molestar. Es curioso que ese concepto está muy asociado a nuestra idea de cortesía. 


2. Seigneur-terraces. Me parece increíble que no exista una palabra para esto en español. En francés se utiliza para llamar a las personas que se pegan toda la tarde en la terraza de un bar con un solo café. Hoy en día, si el bar tiene wi-fi gratis, los seigneur-terraces se multiplican.


3. Ya'arburnee. Palabra del árabe que alude al deseo de morir antes que la persona amada para, de ese modo, no tener que sufrir por su pérdida. No encuentro mejor forma de expresar el amor.


4. Shlimazl. Podríamos definir esta palabra del yiddish como persona de mala suerte crónica, un desafortunado permanente. ¿Pensáis que tiene lógica que exista precisamente en esa lengua de origen judeoalemán? Da que pensar al menos.


5. Bilita-mpatshi. Vamos a ver. En español tenemos una palabra general para los sueños; luego, especificamos que los sueños malos con el nombre pesadilla. Claramente nos falta esta palabra para especificar los sueños buenos, es decir, los opuestos a las pesadillas. En las lenguas bantúes sí existe. ¿Será que tenemos nosotros más pesadillas?


6. Ilunga. Esta palabra de una lengua de una tribu africana del Congo significa, exactamente, "la persona capaz de perdonar una ofensa por primera vez, tolerarla una segunda vez pero no una tercera". Me recuerda a aquello de "perdonar setenta veces siete", lo de "poner la otra mejilla", lo de "ser hermanos pero no primos"...


7. Shemomedjamo. Podría ser un jugador de la selección georgiana de baloncesto junto a Shermadini, Markoishvili o Sanikidzke pero no, es georgiano es el hecho de comer una vez que estás lleno hasta rebañar el plato, ya sin hambre. Literalmente significa "me comí todo sin querer". Me encanta el sentido del humor de estos georgianos. No es exactamente nuestra gula, ¿verdad?


8. Hyggelig. Nos vamos al norte de Europa. En danés, hyggelig es el sentimiento de sentirse bien, cómodo, a gusto, cuando estás entre amigos. ¿¡Pero cómo falta esta palabra en tantos idiomas!?


9. Gheegle. Esta es de mis favoritas y, si no, que se lo pregunten a mi tío José Luis: en filipino se usa para describir el incontrolable impulso de pellizcar algo tan adorable y tierno como los mofletes de un bebé.


10. Tsundoky. En un gesto de extrema sinceridad el japonés tiene una palabra para algo universal: el hecho de dejar sin leer un libro que hemos comprado, habitualmente junto a una pila de otros libros con las mismas características. Recuerdo que alguien me dijo una vez, hablando de alguna novela de García Márquez, que los libros del escritor colombiano estaban en las estanterías de todas las casas... en la mayoría de ellas, como tsundoku (aunque no usó esta palabra). La necesitamos.  


11. Bakku-shan. Seguimos en la misma línea que la palabra anterior a lo que le añadimos unas gotas de sentido del humor. Esta palabra del japonés designa a esas chicas que, vistas por la espalda, nos parecen atractivas pero que, al darse la vuelta... decepcionan, digamos. Mis compañeros de colegio y yo teníamos una palabra (bueno, una expresión, onomatopeya, sonido...) para ello.


12. Mangata y yakamoz. La primera es del sueco y la segunda del turco y las dos describen el reflejo de la luna en el agua. Y nosotros con el simple reflejo... como si tan romántica estampa fuera comparable al molesto brillo del sol cuando da en un espejo y te deja ciego.

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Hasta aquí la primera entrega de esta serie. En el próximo post, otras trece palabras para completar la colección y concluir así, la primera parte de la propuesta didáctica. En la tercera parte presentaré unas fichas idénticas pero con palabras del español sin traducción a otras lenguas (es decir, el camino inverso). También os dejaré una presentación de Power Point con todas las fichas por si preferís proyectarlas en vez de imprimirlas en cartulinas y los enlaces a los artículos.