20 marzo 2012

De tradiciones y guiris

La semana pasada mi amigo Paco Rengel, insigne periodista malagueño, director del periódico digital YMálaga.com y pionero con un portal sobre baloncesto y periodismo -Basketconfidencial- que es verdadera referencia para los profesionales de ambas actividades, me pidió mi colaboración con un artículo para su periódico ahora que estamos en puertas de la Semana Santa ya que él es conocedor, como casi todos los que me conocen aunque sea un poquito, de que la Semana Santa es una de mis grandes pasiones.

En el e-mail en el que solicitaba mi participación, me contaba que "con motivo de la proximidad de la Semana Santa, me gustaría que escribieras algo sobre la misma para YMálaga.com" y explicaba que "el tema puede ser personal o general y desde el punto de vista que quieras enfocarlo. En cualquier caso, está claro que quedará reflejada tu vinculación con el acontecimiento más importante de Málaga, de ahí que te haya elegido para que me hagas este favor". El favor, por supuesto, me lo hacía él ofreciéndome la posibilidad de compartir mis experiencias y sentimientos sobre el tema. Desde aquí, de nuevo, mi agradecimiento, Paco.

Y diréis vosotros: ¿y a qué nos cuenta esto en este blog, al que acudo por fines relacionados con el proceso de enseñanza-aprendizaje de ELE? Pues es muy sencillo. Al proponerme que "el tema puede ser personal o general y desde el punto de vista que quieras enfocarlo", no tuve otro remedio que enfocarlo desde otra de mis pasiones: mi profesión (ya que alguna vez escribí sobre Semana Santa en relación con otras de mis pasiones, el baloncesto, en un experimento malagueño) y el resultado de la vinculación entre estas dos pasiones, la Semana Santa y la enseñanza de español, es este modesto, pero lleno de sentimiento y verdad, artículo que decidí titular De tradiciones y guiris.

Soy profesor de español para extranjeros desde el año 2000 y estoy profundamente enamorado de mi profesión. Mi trabajo consiste en acompañar a los alumnos en su proceso de aprendizaje de una lengua que va de la mano de una cultura apasionante. Soy malagueño, nacido en 1976 en el céntrico e histórico Gálvez, ilustre vecino -el hospital- de la imponente Catedral, y estoy absolutamente prendado de mi ciudad y, sobre todo, de su Semana Santa, gracias a que mi familia ha sabido, a lo largo de los años, enseñarme a sentirla.
Es un verdadero privilegio disfrutar a diario de una profesión que te permite trabajar con tu pasión -la lengua española y su cultura- y que te ofrece permanentemente la posibilidad de conocer a gente de todo el mundo que te ayuda a crecer como persona, como ciudadano de un maravilloso mundo global.
Mi experiencia me dice que es fácil explicar reglas gramaticales (incluso con sus excepciones y sus irregularidades) pero que es muy difícil transmitir lo que significa ver en las tiendas los itinerarios de traslados o por las calles del centro a la gente que pasea con los capirotes de cartón; que es muy sencillo mostrar los productos típicos de cada zona de España o las recetas de los platos tradicionales pero que es muy complejo compartir lo que es esperar hasta el Viernes de Dolores para comer la primera torrija del año o empezar a oler los naranjos en flor y el incienso; que es asequible explicar el significado de las palabras (aun con sus matices, connotaciones y variedades) pero que es arduo comunicar la emoción de ponerse la túnica, de apretujarse en un encierro, de escuchar el martillo golpeando la campana; que es muy bonito hablar de los beneficios de nuestro clima, de los cientos de días de sol al año y de las playas y el pescaíto frito, pero muy duro hacer sentir la angustia de vivir pendiente de los partes meteorológicos durante estos poquitos días del año.
Puedo asegurar que hablar de Semana Santa a los casi cinco mil alumnos que han pasado por las aulas de Málaga Sí, esa coqueta escuela que recibe a gente de todo el mundo junto a los Baños del Carmen, en mis más de diez años de docencia es lo que más me cuesta. Ver que entienden que un trono pesa equis miles de kilos o que los colores de las túnicas de los nazarenos tienen un significado pero que no lo pueden sentir, que no pueden emocionarse tanto como yo, me duele y hasta me entristece.
Pero siempre hay un Daniel austriaco o una Yuka japonesa que se enamoran de nuestra Semana Mayor y que te hablan en clase de los tambores, del sufrimiento de los hombres de trono, de las miles de personas que enmudecen ante una saeta o de cómo suenan los pasos de un cortejo en el interior de la Catedral. Y a los que encuentro en el encierro del Huerto, en el Patio de los Naranjos viendo entrar a la Pasión en la Catedral, en calle San Agustín tomando un té y esperando a las Penas, en la sobrecogedora salida de la Expiración, agachándose a recoger romero antes del paso de la Esperanza o mirando con asombro el catafalco del Sepulcro. Y que cuando no pueden estar en Málaga no dudan en compartir en las redes sociales estas seis emocionantes palabras: "Quisiera estar en Málaga esta semana".
Ahora que comparto con vosotros este artículo recuerdo que tiene cierta relación con aquella entrada que publiqué hace un año y medio en este mismo blog en la que hablaba sobre lo que más me cuesta enseñar en clase y en la que, por cierto, no hice referencia a esto de lo que hablo en el artículo. Sirva, pues, de complemento.

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Enlace | De tradiciones y guiris (artículo original en YMálaga)

2 comentarios:

hentrekott dijo...

Pues tienes toda la razón. Después de muchos años he sido capaz de enseñar el imperfecto y el subjuntivo, pero jamás he podido hacer que aprecien, ni de cerca, una mascletà o una cremà como dios manda (en mi caso, obviamente, no es la semana santa). Pero es igual de difícil que un aficionado a la música orquestal me haga sentir algo parecido a la emoción cuando oigo una ópera cualquiera.

Entrar en sentimientos, culturalidades y educaciones (en sentido amplio) es, para mí, casi imposible.

José Ramón dijo...

Pues al coincidir tú conmigo no puedo más que coincidir yo contigo :-)

Precisamente, comentaba alguien, a raíz del artículo, que tan difícil me resulta a mí transmitir esos sentimientos sobre la Semana Santa como, suponía -y tú me lo acabas de confirmar-, a un valenciano transmitir lo que es para él el olor a pólvora o a un pamplonés contar qué es un encierro de los Sanfermines.

Yo, como malagueño, puedo explicar objetivamente qué es una mascletà o un encierro, pero no transmitir el sentimiento. Por ello, me siento más cómo hablando de las Fallas y de los Sanfermines que de la Semana Santa de Málaga... qué paradógico, ¿no?