Cuando proponemos una actividad o tarea en clase, nos puede ocurrir que descuidemos las instrucciones para el desarrollo de la actividad, es decir, que no pintemos las rayas o que las pintemos mal.
Las instrucciones deben ser claras y concretas porque de ellas depende el éxito del trabajo en clase y requieren, por parte del docente, de gran atención y esfuerzo y deben incluir, desde nuestro punto de vista, los siguientes elementos:
- Objetivos de la actividad o tarea.
- Forma de trabajo (individual, en parejas, en pequeños grupos...)
- Resultado final que se espera (un texto, una presentación, un mural, unas conclusiones que se van a exponer...)
- Modelos de lengua.
- Distribución del tiempo.
- Información suficiente que permita contextualizar la actividad y vincularla con la realidad y con la necesidad de invertir tiempo y esfuerzo en realizarla.
- Si fuera posible, mostrar los resultados de esa misma actividad o tarea que han hecho ya otros alumnos.
En muchos casos las instrucciones son el hermano pequeño olvidado de la programación de clases. Cuidemos esta parte porque tiene la misma, si no más, importancia que la secuenciación, la atención a los contenidos, la integración de las actividades de la lengua o la previsión de dificultades... o, si no, fijaos en cómo se pone el inspector que llega a este instituto de Secundaria y se encuentra con una programación defectuosa :)
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