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07 marzo 2010

'ADN' y 'Mi último pase'

Muchos de vosotros sabéis que en mi (escaso) tiempo libre me dedico a la corrección ortotipográfica y corrección de estilo de textos. En este año 2010 han visto la luz los dos últimos libros en los que colaborado realizando tareas de corrección.

La novela del periodista deportivo Paco Rengel (Basketconfidencial, YMálaga, Twitter) ADN se publica en Canales 7. Me remito a la sinopsis que acompaña a la obra en la página web de la propia editorial (comprar la novela) para que os hagáis una idea de la misma:
La aparición de unos restos humanos de forma casual en abril de 2005 le hace vivir al veterano periodista Rafael Rioja unos meses apasionantes. Durante los mismos, comprueba si entre esos huesos están los de su abuelo, fusilado el 10 de agosto de 1936 durante la guerra civil, lo que le obliga a investigar, a salvar inconvenientes y a toparse con un singular número de casualidades que llegan a convencerle de que los sucesos no eran gratuitos.

Paralelamente, el periodista se enfrenta a un conflicto laboral que le condena a una situación anómala en su empresa de toda la vida, lo que le permite reflexionar sobre el desempeño de una profesión que le apasiona y le plantea si la condición del hombre de hoy ha variado mucho desde la terrible guerra española.

Por otro lado, los periodistas José Luis Malo y Dani Marín, han culminado Mi último pase, la biografía de Sandro, futbolista canario que es todo un símbolo en Málaga. Con prólogo de Jorge Valdano y epílogo de Ángel Cappa, los amantes del fútbol sabrán apreciar esta magnífica obra en la que se narra la vida de Sandro desde sus primeros toques al balón en las islas hasta su actual situación como directivo malaguista, pasando por su etapa madridista, los ascensos con el Málaga y recreándose en su sentido del humor.

Editado por el CEDMA (Diputación de Málaga) y la Fundación del Málaga C.F. se puede adquirir en El Corte Inglés.

13 septiembre 2009

Los lectores somos consumidores poco exigentes

Permitidme hacer una pausa en la serie sobre géneros discursivos digitales para comentaros otra cosa. Tal vez el título del post se preste a engaños, así que trataré de aclararlo de la forma más rápida, más sencilla y más directa posible. Podríamos pensar que los lectores somos personas exigentes, ya que sabemos lo que queremos y, sobre todo, lo que no queremos. Tenemos conocimiento de autores, de géneros, de editoriales, de estilos, de corrientes, de nacionalidades, etc. y lo complementamos con los gustos personales, las necesidades vitales y los intereses particulares. Podríamos decir, incluso, que los lectores tenemos un cierto talento... pero (siempre hay un pero) no somos nada exigentes con el resultado, con el producto final, como consumidores. Y en el caso de mucho de nosotros es paradógico, ya que sí somos muy exigentes -todo hay que decirlo- cuando estamos en el aula.

Si vamos a comprar un microondas y el electrodoméstico funciona perfectamente, es de una buena marca, lo podemos adquirir a buen precio pero tiene un pequeño arañazo en el cristal. ¿Quién se lo lleva a casa? ¿Quién, al menos, no se lo expone al dependiente que nos atiende? ¿Quién, incluso, no regatea? ¿No ocurriría lo mismo si me doy cuenta de ello al llegar a casa? "Tengo el ticket de compra, voy a devolverlo".

Si estamos en una tienda de ropa y la camisa que nos gusta, es de nuestra talla, es del color de moda, nos queda como un guante, nos combina con los pantalones que nos regalaron por nuestro último y reciente cumpleaños, es de una marca reconocida y está bastante bien de precio, pero tiene un hilo suelto o un botón roto, ¿quién la compra?, ¿quién, como mínimo, no pregunta si hay otra porque esta tiene un defecto? ¿Acaso no se contemplan las prendas con tara a menor precio? Y con el justificante de compra, siempre lo puedo devolver y recuperar mi dinero u otra prenda.

Podemos seguir poniendo ejemplos hasta la extenuación y/o hasta el fin del mundo... pero ¿qué pasa con los libros? Establezcamos un paralelismo entre el microondas con el cristal arañado, la camisa con el botón roto y un libro plagado de erratas y faltas de ortotipografía:
  1. ¿Cumplen su función? Sí (uno calienta, otro vista y el tercero entretiene).
  2. ¿Están en perfectas condiciones? No (uno está arañado, otro tiene un botón roto y el último faltas y erratas).
  3. ¿Reclamo sobre los tres productos? No. Probablemente no me lleve el microondas, seguro que pido otra camisa y también seguro que me llevo el libro, lo pago y ni se me pasa por la cabeza pedir otro sin faltas o devolverlo para recuperar el importe pagado porque tiene faltas de otografía, de tipografía o de maquetación.
Y para muestra, un botón. Y me duele porque me ha encantado la novela, me gusta muchísimo el autor y creo que el señor Herralde no tendrá motivo de queja para conmigo, puesto que soy asiduo lector de las pubicaciones de su editorial, a la que considero la mejor del país. Sin embargo, los diarios, las revistas y las editoriales han decidido -y es algo que no es nuevo- abaratar gastos suprimiendo la figura del corrector.


Bueno, creo que son significativas las muestras. No están todas las que son pero sí son todas las que están, así que si alguien quiere seguir curioseando en este caso concreto que se ponga en contacte conmigo y le envío el paquete completo de imágenes que he ido tomando en un archivo comprimido.

Por suerte y por casualidad, esta entrada la publico el día que recibo un nuevo encargo para corregir una obra autobiográfica de un deportista de elite, escrita en colaboración con dos periodistas.