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Créditos de la imagen | tuli (Flickr Creative Commons) |
Mantenemos los mismos objetivos: fijar la forma de los verbos en presente (especialmente los irregulares) y repasar vocabulario. Pero, ¿cómo damos el salto del verbo ver a otros verbos? ¿Y cómo repasamos un vocabulario que no está presente en clase y, por tanto, no puedo ver? Fácil: usamos una de las herramientas más potentes y que mejor manejan los niños: la imaginación.
Al cambiar la pregunta, necesariamente cambiamos el foco de atención y, por tanto, activamos un campo semántico diferente. En mi caso, empecé cambiando el "Veo, veo" por "Oigo, oigo", con lo que provoqué una especia de tsunami en clase... casi se escuchaban las cabecitas buscando la segunda persona del singular del verbo oír para preguntarme "¿Qué oyes?" y tras varios intentos llegó dicha pregunta. Y fue interesante notar el silencio en el que se ponía atención para cazar los sonidos.
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Créditos de la imagen | En busca del sol (Flickr Creative Commons) |
El siguiente cambio de verbo, para mi sorpresa, vino de mi alumna Yao, quien al llegar su turno, sorprendió con un "Llevo, llevo". A partir de ahí, se sucedieron los verbos (y la consecuente recuperación en cada caso de las segundas personas del singular para continuar el juego) y los campos semánticos. Así, de memoria, recuerdo el "como, como", "bebo, bebo", "juego, juego", "quiero, quiero".
Lo mejor, sin duda, de las variaciones del juego es que no vinieron predeterminadas ni impuestas por parte del profesor sino que nacieron del deseo de jugar y, por tanto, las cuestiones gramaticales, funcionales y léxicas fueron herramientas al servicio de dicho proceso de comunicación o de juego. Os animo a que la pongáis en práctica estas versiones del Veo, veo y, sobre todo, a que aprovechéis la capacidad de vuestros alumnos de improvisar, de jugar, de divertirse en español.