04 agosto 2010

Si no me lo preguntan, lo sé; pero si me lo preguntan, no sé explicarlo

Escribe Enrique Vila-Matas es su última novela, Dublinesca, que Samuel Riba, el ex editor que  protagoniza la obra contestaría como San Agustín cuando le preguntaron (o se preguntó): ¿Qué es, pues, el tiempo? Si no me lo preguntan, lo sé; pero si me lo preguntan, no sé explicarlo. He comprobado que, efectivamente, esa frase pertenece a las Confesiones del filósofo de Hipona. Y digo que lo he comprobado porque es sabido que el autor catalán es especialista en inventarse citas verosímiles en toda su obra.



Cuando leí esto me vino a la mente las dificultades que cualquier hablante nativo de español (o de cualquier lengua) se encuentra cuando quiere explicar, con toda la buena voluntad del mundo pero sin la formación adecuada, cualquier aspecto de su lengua. Y me reafirmaba en la insistencia de hacer caer en la cuenta de ello a nuestros alumnos en los cursos de formación de profesores para que huyan de la confianza y sean responsables a la hora de hacer la transición desde la gramática del profesor a la gramática del alumno y para que reflexionen sobre los usos, sin caer en la tentación de la generalización o de la simplificación porque, cuando no me lo preguntan, lo sé (usar) pero cuando me lo preguntan, no sé explicarlo (y tengo que saberlo). Creo que es una cuestión esencial, básica, para cualquier persona que quiera dedicarse a la enseñanza de segundas lenguas y que está íntimamente ligada a la formación, por una parte, y a la responsabilidad y profesionalidad, por otro, a la hora de la planificación y preparación de clases.

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Créditos de la imagen | Vlastula (The Secret Bench of Knowledge, Lea Vivot. National Library of Canada in Ottawa)