28 octubre 2009

Conectando, que es gerundio

Hace unos días pensaba por qué en Málaga (¿en toda España?) las heladerías están cerradas cinco meses. Normalmente, alrededor del puente del Pilar van cerrando y no abren hasta que llega la primavera, coincidiendo con el Día del Padre. Recuerdo que, cuando estuve en Suecia, me sorprendió ver una heladería abierta en pleno mes de enero... ¡y en Suecia! Con el frío que hacía... En fin, que iba pensando en ese vacío que queda en nuestras vidas entre mitad de octubre y mitad de noviembre y me consolaba pensando en los helados que podemos comprar en los supermercados y en los de Häagen Dasz que, como mal menor, no están nada mal.

Así las cosas, coincide que en el coche, mientras escuchabaRadio 3, me entero de que una cantante argentina llamada María Lavalle va a actuar el día 27 de octubre en el Teatro Häagen Dasz-Calderón. Y esta artista -absolutamente desconocida para mí- cuenta que ella había crecido escuchando a Atahualpa Yupanqui que, por cierto, tuvo que salir de Argentina por las presiones de Perón y se fue a Francia donde, gracias al PCF, entró en contacto, entre otros, con Pablo Picasso y Paul Éluard. En ese momento recordé ha famosa historia triangular entre Éluard, Gala y Dalí, que le robó la novia al primero. Pero volviendo a la historia, Éluard pide a Atahualpa que cante en un encuentro con sus amigos. Y lo hace en una de esas fantásticas veladas parisinas... Por casualidad, entre esos amigos de Éluard se encuentra una tal Edith Piaf -cuya muerte no coincidió con la de su amigo Jean Cocteau por unas horas, todo hay que decirlo- y le propone a Atahualpa cantar juntos en un teatro de París, en el que ella (ya una gran artista reconocida) actuaría de telonera. Parece ser que Atahualpa siempre reconoció que ese gesto (y ese concierto) le abrió las puertas de la propularidad en Europa.

Y mientras seguía conectando en mi cabeza a Perón con Borges -¿por qué siempre acaba apareciendo Borges?- y a Borges con Cortázar (y con Maradona y con Gardel), me despisté un poco de la conversación, a la que me devolvieron precisamente los nombres de los dos escritores argentinos, por que María Lavalle estaba contando que mientras Borges era más de milonga, Cortázar era más de tango... y yo recordé que Hemingway era más de vino, habanos y encierros pamplonicas y que el norteamericano vivió también en el Barrio Latino en el que Cortázar y García Márquez vivieron (y Vila-Matas se imaginó) y tantos otros que hacían explotar el boom latinoamericano cuando nos dejaban Edith Piaf y Jean Cocteau. Allí, tan cerca de la casa donde nació Descartes, tan cerca donde cené la primera noche que estuve en París. Ese barrio revolucionario que acoge a los célebres de la patria: Voltaire, Rosseau, Marat (cuya muerte pintara David), Hugo, Zola, Braille, Marie Curie...

Y aparqué el coche, saqué un papelito y fui anotando todos esos nombres para escribir una entrada en el blog con esta historia para ilustrar, de una forma simpática y clara, qué es el aprendizaje conectivo, sin tener que hablar de qué es el Conectivismo.

1 comentario:

Mª Isabel González Martínez dijo...

Buenas... Como ya te he comentado vía Twitter, esta entrada me ha recordado algo que he aprendido este año: El aprendizaje es el resultado de la creación de redes neuronales. ADemás, añado que el aprendizaje más duradero es aquél que se produce a través de asociaciones de ideas y conceptos ;).