02 diciembre 2009

Aquella clase de fines específicos tan competitiva

Navegando por las galerías de mis amigos en Flickr me he encontrado con esta imagen de hace unos años en la que recuerdo que este chico, Niklas, un día ya cerca de Navidad, se encontró solo en clase, ya que el resto de sus compañeros andaban enfermos, de compras navideñas o de resaca (quién sabe). Así pues, le pregunté qué quería hacer, ya que se había encontrado con clases privadas por un día. No tuvo que pensarlo ni un instante: ¡fútbol!



Como no me pilló totalmente por sorpresa y ya venía dándole vueltas a la idea de trabajar con él en algún momento el léxico de su deporte favorito, de su pasión, le propuse un partido de fútbol entre el equipo ideal del momento contra el equipo ideal de todos los tiempos. Del primero sería él el seleccionador y entrenador, del segundo yo mismo. A partir de ahí, todo el vocabulario fue apareciendo de modo natural: las posiciones de los futbolistas en el campo, los elementos del estadio, los árbitros y sus asistentes, los componentes de la equipación, los titulares y los suplentes, etc.

Evidentemente, como la cabra siempre tira al monte, a él le perdió su pasión blaugrana a la hora de seleccionar a los jugadores para su equipo (Puyol, Ronaldinho, Messi, Henry...) mientras yo fui un poco más objetivo a la hora de elegir a los mejores de la historia (Pelé, Zidane, Platini, Di Stéfano, Beckenbauer...) movido por mi instinto de ganador.

Además de reconocer que mi equipo le ganaría al suyo, me confesó que nunca había tenido una clase como esa, que nunca se habría imaginado poder aprender ese vocabulario tan necesario para él de esa forma y doy fe de que aún no se le ha olvidado decir mediapunta, árbitro asistente, banquillo, poste o larguero. Su interés, los conocimientos previos, el componente lúdico, el factor motivador, el elemento sorpresa, la asociación con una realidad conocida, etc. fueron factores que ayudaron a que el aprendizaje fuera altamente efectivo.

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Crédito de la imagen | NickZse

2 comentarios:

Mª Isabel González Martínez dijo...

Esto que cuentas del fútbol, me ha recordado un grupo que tuve hace unos años empeñados en aprender todo lo necesario para ir a la consulta del médico sin necesidad de traductor. Estoy totalmente de acuerdo con tu afirmación final: el aprendizaje se hace más efectivo cuando se trata de algo que necesitamos, queremos o no podemos pasar sin él. Cuando movilizamos todos nuestros conocimientos, cuando hacemos algo con ellos y cuando podemos utilizarlos más allá de la clase, en nuestra vida cotidiana.

J. dijo...

Hace tiempo me pasó algo muy parecido con un alumno. También estábamos solos en clase y él era muy fan del Inter. Después de ver unos ejercicios que teníamos pendientes le pregunté que si quería hablar de algo. Me respondió "fútbol". Por supuesto, el tiempo de la clase se nos quedó corto y seguimos hablando de pie en la calle. La conversación fue natural y fluidísima y no tengo dudas de que no sólo aprendió vocabulario sobre fútbol, sino también otras cosas sobre la lengua.