01 noviembre 2010

Las instrucciones (y 2)

Una vez dicho todo esto, llega el turno de sacar conclusiones sobre las características que deben tener las instrucciones de las actividades:
  • Clave del éxito. Una actividad o una tarea excelente, bien pensada, capaz de alcanzar los objetivos propuestos y de integrar los contenidos necesarios si no se presentan en el aula (o sobre el papel) con unas instrucciones claras, será un fracaso, ya que el alumno no sabrá qué hacer.
  • Contextualiza. Las instrucciones de las actividades y tareas deben contextualizar, es decir, poner al alumno en situación, convencer al estudiante de la necesidad de lo que va a hacer y de la verosimilitud de lo que se le pide. Igualmente, tienen que enlazar el momento presente de clase con lo anterior y lo siguiente, es decir, contextualizar dentro de la secuencia didáctica y vincular la actividad didáctica con la vida real.
  • Finalidad. Muchas veces las instrucciones hacen indicaciones del tipo: Habla con tu compañero... o Pregunta a tu profesor... o Escribe... y es muy lícito que el alumno que se encuentra con ello se pregunte (o nos pregunte): ¿para qué? Las instrucciones deben informar de la finalidad de lo que hace al tiempo que contextualiza.
  • Proceso y resultado. Las instrucciones deben indicar al alumno tanto el proceso que debe seguir como el resultado que se espera. ¿Trabajo individual o en parejas? ¿Hay que hacerlo oral o por escrito? ¿Debo entregar algo al final? 
  • Coherencia. Entre los objetivos que persigue mi clase (y la actividad en cuestión), la función que elijo para plantear la actividad, los contenidos que considero necesarios para alcanzar los objetivos y el diseño de la actividad debe haber coherencia. No puedo pedir al alumno que haga planes para que use el futuro imperfecto.
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Créditos de la imagen | ricardo